Mariano Peluffo: «Me divierte mucho mi laburo»

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En el número de Expertas de junio, entrevistamos a Mariano Peluffo, productor y conductor polifuncional en radio, televisión y eventos diversos. Es, antes que nada, una persona que sabe entretener a la gente. Para divertir a los demás, primero se divierte él.

«Creo que la gente me ve como alguien cercano, y eso me encanta»

¿Cómo comenzás en la conducción?

Medio de casualidad, porque estudiaba Ciencias Económicas y me iba siempre a Canal 13 a ver El agujerito sin fin, que conducía Julián Weich, porque era amigo de algunos chicos de la producción. Me llamaba mucho la atención.

«Lo que hago es entretener. Ese es mi trabajo, como productor y como conductor»

¿Con qué intención ibas?

A visitar a mis amigos. Aparte, estaba a una cuadra de la facultad. Era lindo ir a verlos, porque se divertían. Después empecé a trabajar como productor. En esa época ni siquiera se estudiaba producción, que es una carrera que apareció después. Te enseñaba alguien ahí, trabajando. Ese grupo me copaba mucho, después fuimos a Cablín, el canal infantil, y largué Económicas. Estaba en tercer año y no me importó más nada, me dije “es esto”. Terminé pasando adelante de cámaras también de casualidad: al ser productor, le fui perdiendo el miedo a la cámara, a la luz, al micrófono. Por ahí teníamos que grabar algo, los conductores se estaban terminando de cambiar, entonces el director me decía “hacé vos como si fueras ellos”, y yo entraba y lo hacía. Se fue dando muy natural.

¿Económicas era un mandato familiar?

Sí, eso lo descubrí con el tiempo. Mi viejo es contador, mi tío y mi abuelo también. Si hubieran sido todos dentistas, no habría estudiado eso. Ya estaba armado el estudio, tenía los libros y todo eso. Fue todo un temón familiar cuando largué, pero a los seis meses mi viejo ya estaba juntando los recortes de las revistas con noticias sobre mí.

¿Qué te decía?

“Esto es una cosa segura, ya tenés todo”. Yo tenía veinte años, no necesitaba algo seguro en ese momento, pensaba que eso quedaba para cuando tuviera sesenta. Pero a la generación de nuestros padres le costaba un poco eso, pesaban el título y la profesión. Para ellos te iba bien en la vida si eras abogado, contador, médico o ingeniero. Todo lo demás era una moneda al aire. Hoy eso cambió: si a mí una de mis hijas me dice que quiere hacer comedia musical y la otra que quiere ser clown, les digo que sí. Ahora estamos más enfocados en el disfrute y en hacer lo que nos gusta.

¿Y ya sabías en ese momento que querías laburar de esto?

Me gustaba. Lo descubrí y me encantó. Fui creciendo con el paso del tiempo, todo se fue abriendo, y soy un tipo muy inquieto. Si me dicen “quiero contarte una idea que tengo”, me siento con esa persona y nos tomamos un café, porque nunca sabés dónde se esconde un nuevo proyecto.

De hecho, tenés tu propia productora…

Sí, y todo lo que hago cuando no estoy conduciendo en la tele viene de ahí. La gente se pregunta “¿este pibe de qué vivirá?”, y sigo produciendo cosas en las que no estoy poniendo la cara, pero que tienen su propia dinámica y su vida. En Telefe hacemos un reality que se llama El gran bartender, que tuvo dos temporadas, y estamos preparando la tercera, que va a tener bartenders de Chile, Uruguay y Argentina, y se va a filmar en los tres países. Si la gente no lee los créditos al final del programa, donde dice mi nombre en la parte de “Idea y producción original”, no sabe que estoy ahí, porque yo tampoco suelo dar notas y contar que hago eso, porque no quiero terminar opacando al producto. Me divierte mucho todo el medio.

En Cablín hiciste de todo, hasta fuiste un oso, ¿verdad?

Sí, Morgado le puso Peluffo a un oso de peluche que estaba en la escenografía. Él le hablaba siempre, y comenzaron a llegar cartas de los nenes con dibujos del oso, así que decidimos darle vida: compramos un traje, me lo puse, y en un sketch aparecí. Fue toda mi relación con la ficción. Pasa que el espíritu de Cablín era que todo fuera muy divertido. Yo entraba al canal a las nueve de la mañana, y por ahí eran las nueve de la noche y no había salido en ningún momento. Se nos pasaba el día grabando, probando cosas y divirtiéndonos: nos colgábamos cabeza abajo, después dábamos vuelta la cámara y se veía al derecho, pero con todo para arriba… Cuando te divertís mucho en el trabajo te pasa eso. A veces se hacían las cinco de la tarde, te hacía ruido la panza y ahí te dabas cuenta de que no habías almorzado, porque te llevaba puesto todo. Esa etapa la tengo muy fresca y la recuerdo con mucho cariño, porque era de probar, descubrir y divertirnos.

¿Sigue siendo así de divertido?

Sí, a mí me divierte mucho mi laburo. Son otros desafíos y yo soy otro: tengo otros tiempos, otras responsabilidades. Tres o cuatro días a la semana estoy con mis hijas, entonces trato de estar con ellas, llevarlas al colegio, cocinarles, los fines de semana hacer planes juntos. Pero igual sigo disfrutando mucho de conducir y producir, que son dos facetas que tengo totalmente separadas. Nunca, o muy poquitas veces, me tocó producir y conducir. Para mí es como manejar el auto o estar en boxes, son dos laburos distintos.

Entre radio y tele, ¿qué diferencia sentís en tu forma de laburar?

Empecé grande en la radio. Nunca había hecho y comencé a los cuarenta. En la radio no tenés el plano visual, entonces voy sin afeitarme, en jogging, es muy relajado. Por esa cuestión de relax surgen cosas muy divertidas, entrás en unos barullos interesantes de razonamientos y análisis extraños y divertidos. Abierto los Domingos es un programa muy relajado, casi sin vínculo con la realidad, porque no hacemos noticias. El domingo la gente que escucha radio está lavando el auto, haciendo un asado, manejando a lo de la madre para comer ravioles, y quiere escuchar música. No es momento para tirar noticias de piquetes, secuestros, inflación… Es un programa muy dinámico y con mucha música. Me gusta eso. He tenido propuestas para hacer radio de lunes a viernes en horarios calientes, y no es que le escape a la realidad, porque soy un tipo que lee todos los diarios y estoy en tema de lo que pasa, pero no me coparía tener que hablarle de eso al público.

Como productor, ¿qué creés que encuentra la gente cuando ve conducir a Peluffo?

Si hay una palabra, es cercanía. Creo que la gente me ve como alguien cercano, y eso me encanta. Me cruzan en el supermercado, me ven en jogging buscando a las nenas del colegio, me ven almorzando en algún lado, o en subte yendo al centro, haciendo trámites… Esa cercanía la gente la toma bien y yo lo disfruto, me parece que es un lindo capital simbólico.