Andrea Ghidone: “El tango me enseñó a ser libre”

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Dejó su Uruguay natal para hacer carrera en Argentina. Sufrió los primeros años por no tener a su hija, hasta que logró traerla. Armó su propia compañía y montó Madame Tango en el Teatro Lola Membrives. Su mirada sobre el amor de pareja. Una hacedora de su propia historia que nunca se quedó de brazos cruzados. Hace ocho años decidió morder la manzana. Venía resistiendo la atracción hasta que ¡zas!, hincó los dientes en el mundo del tango y fue como si un rayo le cruzara la médula y se apoderara de ella. Andrea Ghidone tiene una teoría: esta es una danza que espera agazapada hasta que da el zarpazo y atrapa a su presa. “A mí el tango me dio un respiro, me devolvió la confianza, se me acomodaron un montón de cosas internamente”. Tanto es así que se animó a formar su propia compañía, escribió Madame Tango y ahora la dirige en plena calle Corrientes, en el teatro Lola Membrives. “Creo que hay un montón de historias de tango que son un paralelo con mi vida”, confiesa.

“Soy una mujer que, si hay algo que no me podés quitar, es la libertad”

¿Cuándo descubriste que lo tuyo era ser artista?
De los seis a los 13 hice gimnasia artística. Después del colegio, me puse a estudiar Ciencias Económicas, y a los 21, en paralelo, arranqué Comedia Musical. En tercer año de Economía, le dije a mi padre que dejaba la facultad y que me iba a dedicar a las tablas. Imaginate… Yo fui siempre una muy buena estudiante, nunca me tuvieron que decir que estudie, siempre me iba muy bien. Cuando empecé la facultad, el primer año me costó, el segundo fue casi imposible, cuando tuve que arrancar el tercero, mi salud me empezó a pasar factura. Si uno no está feliz, el cuerpo se angustia. Dije: “No me veo dentro de una oficina, me gustaría ser artista”. Y ahí fui a conseguirlo.

Antes trabajaste en Uruguay.
Desde los 21. A los 27 tuve a Natasha, trabajé hasta los 29. Y, cuando tuve a mi hija, el camino era otro, era mamá y encima soltera porque el papá vive en Uruguay, entonces muchas complicaciones, muchas idas y vueltas. Mi mamá y mi hermana fueron un gran apoyo porque sin ellas no hubiera podido hacer nada. Esta carrera es una gran incertidumbre porque no tenés idea de lo que vas a hacer. De hecho yo llegué a Argentina en 2007 y mi hija estaba yendo y viniendo constantemente. Hasta que en 2011 arrancó primer grado acá.

¿Cómo definirías a Madame Tango?
Con mi espectáculo, le hago un homenaje a esas prostitutas que hace 110 años se animaron a ser juzgadas, discriminadas, se la bancaron para no terminar casándose con alguien y viviendo con quien no tenían ganas de estar. Esas mujeres se animaron a bailar tango, a pesar de que era una danza mal vista. Gracias a que ellas se animaron, yo hoy estoy bailando tango.

¿A qué te animaste vos, con la misma valentía de ellas?
A ser la cabeza de mi propia compañía. Uno puede estar mucho tiempo siendo contratado, pero que tu espectáculo triunfe y esté en calle Corrientes, como me toca en este momento, es un sueño hecho realidad.

¿Hoy estás en pareja?
Estuve muchos años en pareja. Antes era de salir, ponerme de novia y todo eso. Ahora no, salgo con vos hasta que no nos llevemos bien. Nadie más maneja mi vida, eso es un hecho muy importante. Muchas veces, uno se da cuenta de que muchas relaciones las demoró más de la cuenta por culpa o miedo. Eso de “mejor malo conocido que bueno por conocer”… Yo soy distinta. Desde este año para mí es “bueno por conocer”.